Los siguiente relatos forman parte de una complicación de estos, publicados en el libro “Mi voz irá contigo” Cuentos didácticos de Milton H. Erickson.
Milton Erickson fue un psicoanálista que utilizaba algunos cuentos didactos como parte del trabajo terapéutico y  que dejaban una enseñanza en la persona que los escuchaba ya que actuaban en la “mente inconsciente”. 

Los siguientes relatos hablan sobre confiar en el inconsciente, teniendo la certeza de que actuará en el momento que “tenga” que hacerlo, hablan de confiar en los propios recuerdos y en todo el saber acumulado. 

 

NARVAL 

Teníamos dos libros en la granja: la historia de Estados Unidos y un diccionario completo de lengua inglesa. Me leí ese diccionario desde la A hasta la Z, varias veces y adquirí un enorme vocabulario. Mucho después, cuando estaba dando clases en Montana, un médico me invitó a pasar la velada en su casa. Durante la sobremesa trajo un objeto muy peculiar, en forma de espiral, y me preguntó: “¿Sabe lo que es esto?”
Respondí: “Sí, es un colmillo de narval.”
El me dijo:  “Usted es la primer persona que con sólo verlo lo reconoció. Mi abuelo era cazador de ballenas, y le sacó este colmillo a un narval. Desde entonces ha estado en la familia. Y yo siempre lo he tomado con mucha calma. Dejo que la gente lo examine y se pregunte y se pregunte y se pregunte. Ahora bien, ¿cómo supo usted que era un colmillo de narval?”
Le contesté: “Cuando yo tenía cinco o seis años vi una figura de él en un diccionario completo de la lengua inglesa”. 

CURIOSA 

Una mujer que vino a la universidad tenía siempre la mano izquierda sobre la boca. En la clase daba sus lecciones con la mano izquierda bajo la nariz, cubriéndole la boca. Cuando caminaba por la calle se cubría la boca con la mano izquierda. En los restaurantes, al comer ocultaba su boca tras la mano izquierda. Cuando daba sus lecciones, caminaba por la calle, comía en los restaurantes, tenía siempre la mano izquierda sobre la boca. 

Pues bien, eso atrajo mi interés. Me empeñe en trabar relación con ella. Después de mucho insitarla, logré que me contase una horrible experiencia que había vivido a los diez años de edad. Tuvo un accidente de automóvil y fue arrojada a través del parabrisas: una aterradora experiencia para una chica de diez años. El vidrio del parabrisas le cortó la boca y había muchísima sangre sobre el capó del auto. Tal vez esa muchísima sangre aterradora para una niña de diez años, era sólo una pequeña mancha de sangre, pero para ella su tamaño era enorme. Creció convencida de que había en su boca una terrible cicatriz… y es por eso que se la cubría, porque no quería que nadie viese esa horrible cicatriz.
Le dije que leyera una historia de la cosmetología y así se enteró de que habían lunares postizos de todas la formas: circulares, como lunas, como estrellas etc. Averiguó que las mujeres colocaban esos lunares cerca de los lugares que ellas consideraban atractivos. La induje a que me trajera algunos de esos lunares postizos, y luego a que en la intimidad de su cuarto dibujara un esquema de su cicatriz, de tamaño real.
Resulto ser una estrella de cinco puntas, de igual tamaño que un lunar postizo. Y sin embargo a ella le parecía que la cicatriz era más grande que su cara.
Así pues, la persuadí que saliera con uno de los estudiantes, debía llevar consigo dos pesadas valijas, a fin de mantener sus manos bajas, lejos del rostro. En esta salida, y en las que le siguieron, descubrió que si le permitía a su acompañante besarla al despedirse, invariablemente él lo hacía del lado de la boca donde tenia la cicatriz. Al primer hombre con el que salió no se animó a permitirle que le diera ese beso de despedida. El segundo la besó del lado derecho, y lo mismo el tercero, el cuarto, el quinto y el sexto. Lo que ella no sabía es que era curiosa, y que cuando tenía curiosidad por algo siempre inclinaba la cabeza hacia la izquierda, ¡de modo que el hombre se veía obligado a besarla del lado derecho!
Cada vez que cuento esta historia miro a mi alrededor. Todos ustedes oyeron hablar del lenguaje subliminal, pero no saben que también hay una manera subliminal de escuchar. Cuando relato esto, todas las mujeres fruncen los labios… y yo sé en qué están pensando. Uno espera que la vecina venga a ver al bebé recién nacido, y le vigila los labios. Uno sabe exactamente en que momento la vecina va a besar al bebé. 

Y tu…¿crees esto posible? 

Mi voz irá contigo. Los cuentos didácticos de Milton H. Erickson. Sidney Rosen. Editorial Paidós Terapia Familiar.
México 2007.