El 19 de enero de 1973 apareció un artículo en la revista Science, el cual tendría un enorme impacto en los profesionales de la salud mental. Este artículo, realizado por David L. Rosenhan (1973), informó los hallazgos de un estudio en el que ocho personas lograron engañar al personal de 12 hospitales psiquiátricos localizados en diferentes partes de Estados Unidos. Todas estas personas estaban “cuerdas” y tenían empleos en diversas ocupaciones, principalmente de tipo profesional. Cada uno de ellos se presentó a la oficina de admisiones de un hospital, quejándose de haber escuchado voces que decían “vacio”, “hueco”, “ruido”. El tipo de “psicosis existencial” que se supone representaban estos síntomas, nunca ha sido reportado en la literatura psiquiátrica, razón por la que fueron ingresados. Los “pseudopacientes” no cambiaron ningún otro detalle sobre sus vidas (excepto sus nombres y ocupaciones) al hablar sobre ellos mismos, por lo que sus historias y conductas reales, fuera de sus síntomas, no debían ser considerados anormales de ninguna manera. Todos los hospitales aceptaron a los pseudopacientes para darles tratamiento. Una vez admitidos en los hospitales, los pacientes dejaron de inventar cualquier síntoma. Ningún miembro del personal, en ninguno de los hospitales, detectó la cordura de los pseudopacientes; por lo contrario, interpretaron las actividades ordinarias de éstos en los pabellones hospitalarios como mayor evidencia de su anormalidad.

Una de las experiencias mas traumáticas de los pseudopacientes fue un sentimiento de deshumanización, ya que sintieron que a ningún miembro del personal le importaban sus asunto y necesidades personales. Además, a pesar de sus esfuerzos por convencer al personal de que eran normales, nadie les creyó, con la interesante excepción de algunos de los pacientes, quienes supusieron que podían ser reporteros o investigadores tratando de obtener una visión interna de los hospitales mentales.

Tomo de 7 a 52 dias para que los liberaran de los hospitales. Al momento en que salieron, cada uno había sido diagnosticado con esquizofrenia  “en remisión”; en otras palabras, sus síntomas ya no eran evidentes, al menos hasta ese momento. Rosenhan concluyó que la mala atribución de anormalidad se debió a una tendencia general entre el personal hospitalario, al denominar enferma a una persona sana “es mejor errar por precaución, que sospechar enfermedad aun entre los sanos” (p. 251).
El estudio de Rosenhan fue criticado tanto en aspectos éticos como metodológicos. Vulneró a la ética en cuanto que el estudio incluyó engañar a los profesionales de salud mental, cuyo trabajo fue el diagnosticar y tratar a los pseudopacientes. Las críticas metodológicas señalaron que no se intento ejercitar los controles experimentales usuales en un estudio de esta naturaleza, como tener un grupo comparativo (Spitzer, 1975).
Otra crítica se refirió a aspectos de diagnóstico. Los pseudopacientes  reportaron síntomas graves (alucinaciones) que, es comprensible, provocan alarma en otras personas. En el momento en que fueron dados de alta, el que los pseudopacientes fueran etiquetados en estado de remisión implicó que no presentaran síntomas. Quizá el personal se mostró reticente, en términos técnicos a etiquetar a estos individuos como “normales”, por el hecho de que previamente se habían quejado de síntomas de tipo esquizofrénico (Faber, 1975).

A pesar de estas críticas, los resultados de Rosenhan y los debates que surgieron, así como las consecuencias del estudio, formaron parte del ímpetu entre 1960 y 1970, por cambiar actitudes hacia la hospitalización de individuos con perturbaciones psicológicas. Al mismo tiempo, los profesionales de salud mental se encontraban en el proceso de cambio del sistema para diagnosticar muchos trastornos, incluyendo la esquizofrenia. Sin embargo, el tema del estudio continúa siendo pertinente hoy. Cuando un paciente afirma ser “el sano en un lugar enfermo” ¿alguien le creería al paciente?

En las décadas de han pasado desde que Rosenhan  realizó este controvertido estudio, muchas cosas han cambiado en el campo de la salud mental. El péndulo parece haber oscilado hacia el otro extremo; a muchas personas con formas diagnosticables de psicosis les es difícil lograr que los admitan en instituciones de salud mental. Scribner (2001) estudió la experiencia de 7 personas con largas y bien documentadas historias de esquizofrenia crónica; cada uno de ellos se encontraba en medio de un episodio agudo de síntomas. Cuando se presentaron para ser admitidos, a 6 de los 7 se les negó el tratamiento. Scribner concluyó que los clientes potenciales de los servicios de salud mental ahora estaban enfrentando muchos impedimentos burocráticos para recibir asistencia. Los hallazgos de la investigación de Rosenhan muestran claramente que había un grado alarmante de incomprensión sobre la sintomatología psiquiátrica. Sin embargo, tal vez en la sociedad contemporánea  se pone muy poca atención a las personas que necesitan ayuda con los problemas psicológicos.

psicología de la Anormalidad. R.Halgin.Susan Krauss. pag 10. Ed Mc Graw Hill 2004.

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